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Yolanda Gallego Monedero

San Isidro Labrador en los años 40 y 50

Tengo que agradecer, de antemano, a las personas mayores que han dedicado su tiempo a contarme cómo celebraban ellos la romería de San Isidro Labrador allá por los años 40 y 50. De tantas y tantas cosas que me han contado, anécdotas incluidas, aquí quiero dejar plasmadas algunas de ellas. Seguro que muchos alcazareños de las quintas del 50 hasta el 60, van a recordar gratos momentos leyendo este artículo.

Carroza tirada por bueyes

No tenía la suerte el Santo, de subir al cerro en un remolque, ni mucho menos. Cuando se empezó a celebrar su romería, era subida la peana con el santo en un carro tirado por bueyes, o a hombros de los mismos miembros de la hermandad. Los bueyes se cambiaron por mulas años después. Aquello no cambió hasta los años 70, cuando aparecieron los primeros tractores a los que se podía anexar un remolque donde se subía al Santo.

Por los años cuarenta, la romería de San Isidro suponía desde días antes, una fiesta que se preparaba con mucha ilusión. La noche antes, se disfrutaba de la verbena popular y se tiraban cohetes. Los romeros preparaban sus carros, y el mismo día de la romería, bien temprano, se decoraban con ramas de olivo y pámpanas, así como flores silvestres y claveles y rosas; las mulas llevaban también las colleras y las cabezadas adornadas con madroños. Esta tradición se conserva hasta nuestros días.

Cerro de San Isidro año 1954

El traje típico manchego, refajo, mandil, faltriquera, pololos, calcetines de hilo, camisa blanca, chaleco negro y pañoleta, era lucido tanto por las mozas, como por las no tan mozas. Los hombres, muchachos y niños vestían con pantalón de pana, camisa blanca o blusón, chaleco y fajín. Pañuelos atados a la cabeza y sombreros de paja, así como las alpargatas de esparto atadas con cintas rojas o negras, y las albarcas de cuero, daban el toque final a la vestimenta propia de los labradores que ese día glorificaban al santo.

El recorrido de la romería era el mismo que en nuestros días, pues partía de la Iglesia de San Francisco, subía por la Calle Emilio Castelar hasta la esquina del Cristo, y ahí giraba a la derecha, bajando de nuevo, hasta llegar al camino que lleva el nombre de nuestro santo, hasta el cerro. Pasaba por la Academia Cervantes, que para los que no se acuerden o no la hayan conocido, estaba situada en la calle San Francisco, junto a la misma iglesia, y por el Convento de Santa Clara, que actualmente es hotel.

Romeros año 1945

En el cerro, se reunían los grupos de amigos y las familias. Allí se prep 
araban buenos calderos de comida típica manchega. Gachas con tocino, peroles de Carne a la pastora, pipirranas y chorizos a la brasa, y se acompañaba todo ello con un buen vino manchego, que hacía las delicias de grandes y algunos pequeños.
Por ello, la bajada del cerro de los romeros, era un poco más costosa y lenta que la subida, a la vez que los recuerdos se divagaban.

Las mozas se lo pasaban en grande también. Bailaban jotas manchegas y rondeñas en la puerta de la ermita, sin la premura de llegar tarde a casa, pues la fiesta se hacía desde por la mañana y a plena luz del día. Se tocaban guitarras, laúdes, bandurrias, panderetas… ¡Seguro que más de una, este día encontró novio!

También en el cerro, los comerciantes ponían puestecitos con sacas de frutos secos, tales como pistachos, almendras, cacahuetes, avellanas, y berenjenas aliñadas.

Aprovechando la romería, los fotógrafos también hacían “su agosto”, pues muchos eran los que querían tener un recuerdo de este día. Siempre había al menos, dos o tres fotógrafos de la localidad. ¿Quién no se acuerda de “Pitos”? Gracias a ellos, hoy contamos con recuerdos como los que podéis ver en este artículo.

Había tiempo para todo, y era indispensable la visita del Santo en la ermita. Caída la tarde, se bajaba el santo y detrás bajaban los romeros más remolones.

Cerro de San Isidro 1953Cerro de San Isidro año 1943

Otro año más, tocaba día de resaca después de un magnífico día de romería festejando al patrono de labradores y ganaderos de Alcázar de San Juan, que aún por los años cuarenta y cincuenta, eran numerosísimos en nuestra localidad.

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